Gracias a cada una de ustedes puedo decir, que ese fue el mejor de los capítulos que he vivido; porque siempre vieron más allá de mi apariencia, confiaron y creyeron en mí, me valoraron tal y como he sido. Imposible olvidar los juegos que teníamos, correr, saltar, patinar, bailar, bañarnos en la lluvia, soñar con el grupo musical de moda, disfrazarnos, celebrar los cumpleaños, visitarnos, salir a pasear, compartir cada día del año y hasta más.
No se pueden borrar de la memoria, tantas historias fantásticas y de terror, de risa y de dolor, que nos inventábamos, pero sobre todo, tantos sueños que construimos y nos contamos. En la enfermedad, en la alegría y el dolor, ahí estábamos; hicimos pactos de amistad, de no olvidarnos jamás aunque el tiempo y la distancia intentarán con sus garras separarnos.
Ustedes me enseñaron a ser una buena amiga, con cada una aprendí realmente lo que es la amistad, de esas que no se pega de las cosas pequeñas para discutir y pelear, sino que sabe enfrentar y superar todo conflicto, solucionarlo con un te quiero y un abrazo sincero, que haga eterna esa relación, basada en el verdadero amor y la fidelidad. Para mí siempre serán lo mejor que en mi niñez he encontrado, las que hicieron de esos años los más felices que he vivido y los que me sirvieron de trampolín para lograr lo que he logrado y llegar hasta donde he llegado.
Hoy me siento feliz de haberlas reencontrado, porque son lo mejor que me ha pasado y aunque quizás transcurran otros 20, 25 o 30 años, sus nombres ya se han inmortalizado en mi vida, siempre serán mis amigas del alma, las que con su existir mi vida enriquecieron y adornaron…
Gracias por no olvidarse nunca de mí, así como jamás yo las he olvidado
No hay comentarios:
Publicar un comentario